
La llegada a Brighton
Antes de llegar a Brighton, estuve recorriendo Europa durante un mes con una amiga. Venía de moverme constantemente, de no tener rutina y de estar más en modo viaje que en modo vida.
Cuando llegué a Brighton, eso cambió. Me instalé con una idea bastante clara: prepararme para lo que venía.
En ese momento todavía no estaba trabajando remoto, pero sabía que quería dar ese paso. Y también sabía que, si quería hacerlo bien, tenía que prepararme.
Elegir Brighton
Brighton es una ciudad chica, al lado del mar. Tiene una energía distinta a Londres: más relajada, más joven, más vivible.
Para mí fue el lugar perfecto para enfocarme sin distracciones, pero sin dejar de tener vida.
Vivía con una familia inglesa.
La familia con la que viví en Brighton.
La adaptación fue fácil, pero culturalmente había diferencias. Me llamó la atención cierta frialdad en el día a día. Era un entorno amable, pero a mí me faltaba ese sentido de familia más cercano al que estaba acostumbrada.
La madre, además, era bastante exigente con nuestro inglés. Y aunque en el momento podía incomodar, fue clave para mejorar rápido.
También me sorprendió la seguridad: dejaban la llave puesta del lado de afuera de la puerta todo el tiempo.
En cuanto a la comida, no era lo mejor, pero tenía mis lugares. El fish and chips en este lugar era de los mejores que probé, bien clásico inglés. Y también iba seguido a Wetherspoon, que es un típico pub donde podés comer o tomar algo barato sin complicarte.
Estudiar inglés con un objetivo
Estudiaba en EF Brighton, donde viví durante cinco meses.
EF Brighton, donde estudié inglés.
EF no es barato. Es una inversión grande. Pero en mi caso, funcionó porque tenía un objetivo muy claro: desbloquear el inglés y sacarme el miedo a hablar.
Y eso, para mí, era lo más difícil.
No fui a “ver qué pasaba”. Fui con foco. Aproveché la estructura de la escuela, elegí optativas de negocios porque era lo que me interesaba y usé ese entorno como un espacio para practicar constantemente.
También noté algo importante: la mayoría de los estudiantes eran más chicos. Mucha gente va después del colegio, en una etapa bastante distinta a la que estaba yo.
Yo ya estaba recibida y había tenido mi primera experiencia laboral. Entonces no estaba buscando lo mismo.
Por eso, si tu objetivo es hablar inglés y perder el miedo, lo recomiendo.
Ahora, si tu objetivo es networking profesional o conectar con gente en una etapa más similar a la tuya, probablemente no sea el mejor lugar.
Prepararme para entrevistas
Además de estudiar inglés, empecé a prepararme para entrevistas.
Por mi cuenta, hice cursos gratuitos de Google sobre fundamentos de marketing, tipos de campañas, implementación, optimización y métricas.
No lo hacía por curiosidad. Lo hacía porque sabía que lo iba a necesitar para el puesto al que quería llegar.
Ese fue el primer momento donde empecé a tomar decisiones pensando en mi carrera de forma más consciente.
No estaba trabajando todavía, pero sí estaba construyendo lo que venía después.
Mi rutina en Brighton
En Brighton armé una rutina bastante clara.
Arrancaba el día a las 9. A la mañana iba a la escuela, después estudiaba por mi cuenta y más tarde iba al gimnasio.
El gimnasio estaba frente al mar, así que muchas veces caminaba por la playa después de estudiar. Ese momento del día se volvió muy importante para mí.
No era una rutina de trabajo, pero sí una estructura.
Y entendí algo clave: incluso cuando no estás trabajando, tener una rutina te ordena la cabeza y te prepara para lo que viene.
Las entrevistas y el trabajo que cambió todo
Durante ese proceso tuve tres entrevistas para una startup que en ese momento no conocía tanto: Workana.
Las entrevistas fueron en español, pero algo que me marcó fue lo cómoda que me hicieron sentir desde el principio.
No era una entrevista fría ni distante. Había cercanía, interés real y una forma distinta de hacer las cosas.
Pasé todas las etapas.
Y cuando recibí la oferta, sentí que toda la experiencia que estaba teniendo en Brighton valía la pena.
Además, me esperaron dos meses a que volviera a Argentina. Fue la primera vez que sentí que una empresa era realmente empática conmigo.
También era mi entrada al mundo de la tecnología, y eso abría una puerta completamente nueva.
Lo que fue Brighton para mí
Brighton no fue el lugar donde trabajé remoto.
Fue el lugar donde me preparé para poder hacerlo.
Donde invertí en aprender, en mejorar mi inglés, en generar vínculos y en construir una rutina.
Mirando para atrás, fue un punto de inflexión.
No porque ahí ya vivía como nómada digital, sino porque ahí empecé a construir todo lo que vino después.
