oficina workanan

En 2017, trabajar remoto no era algo común. No era una tendencia, no era aspiracional y, en la mayoría de las empresas, ni siquiera era una opción real. El trabajo seguía estando completamente asociado a una oficina, a un horario fijo y a la presencialidad. En ese contexto, mi primer trabajo remoto en Workana no solo fue un cambio en cómo trabajaba, sino en cómo entendía el trabajo en sí.

Lo que más me marcó de esa experiencia no fue la posibilidad de trabajar desde mi casa o desde otra ciudad. Fue entender que el trabajo remoto no funciona por arte de magia. Funciona cuando hay una estructura clara, herramientas bien utilizadas y una forma de trabajo definida desde el principio.

El problema de empezar a trabajar remoto

Al principio, trabajar remoto fue mucho más difícil de lo que imaginaba. Me sentaba frente a la computadora y no tenía claro cómo organizarme. Venía de un esquema donde el trabajo estaba delimitado por un espacio físico: una oficina, compañeros alrededor, horarios visibles. Cuando eso desaparece, si no hay una estructura clara, es muy fácil perder foco.

Ese es uno de los errores más comunes cuando se habla de trabajo remoto: pensar que alcanza con tener una notebook. En realidad, lo que cambia no es solo el lugar desde donde trabajás, sino la responsabilidad sobre cómo organizás tu trabajo.

Por qué en Workana el remoto sí funcionaba

La diferencia no estaba en que la empresa fuera “flexible”, sino en que la forma de trabajar estaba completamente definida. No había improvisación.

Las tareas se gestionaban en Asana. Todo estaba organizado, asignado y visible. No dependías de recordar cosas ni de que alguien te las repitiera. Eso permitía trabajar sin necesidad de estar físicamente presente.

La comunicación se hacía a través de Slack, que era el canal principal del equipo. No se usaba WhatsApp para trabajar, y eso marcaba un límite muy claro entre lo personal y lo laboral. El email se usaba solo en casos puntuales.

Este tipo de organización no es un detalle. Es lo que permite que un equipo remoto funcione. Cuando todo se mezcla —mensajes, tareas, decisiones— el trabajo se vuelve caótico. Cuando cada herramienta tiene un rol claro, el trabajo fluye.

Además, esta forma de trabajar no era algo que tenías que descubrir solo. Era parte del onboarding. Desde el primer día entendías cómo se trabajaba, qué se esperaba de vos y cómo moverte dentro del equipo.

oficina Workana equipo startup remoto

Una de las primeras oficinas de Workana.

Cómo era el día a día

Mi rol estaba enfocado en campañas de search: análisis de keywords, optimización, creación de nuevas campañas y seguimiento de resultados. Era un trabajo técnico, pero con espacio para pensar y mejorar constantemente.

No era solo ejecutar tareas. Había lugar para entender qué estaba pasando, probar, equivocarse y ajustar. Eso hizo que el trabajo no fuera repetitivo y que realmente aprendiera cómo funcionaban las campañas.

Cuando la flexibilidad deja de ser teoría

La idea de trabajar remoto suena bien en teoría, pero el momento donde realmente entendés lo que significa es cuando lo vivís.

En mi caso, fue cuando pude ir a Santiago del Estero a visitar a mi familia y quedarme varios días sin tener que pedir vacaciones. Poder seguir trabajando desde ahí, sin cambiar nada, fue lo que me hizo entender que el trabajo ya no dependía de un lugar.

Esa libertad no vino del desorden ni de la falta de control. Vino de tener claridad en las tareas, canales definidos y una estructura que hacía que todo siguiera funcionando sin importar desde dónde trabajara.

Cómo era trabajar en Workana en ese momento

Workana era una startup de aproximadamente 30 personas. Una parte importante del equipo ya trabajaba remoto y nos veíamos una vez al año.

Había algunas reglas simples, como que los miércoles no iba nadie a la oficina, pero en la práctica la flexibilidad era mayor. Si un día no querías ir, no pasaba nada. Si necesitabas trabajar desde otra ciudad unos días, tampoco.

La energía del equipo era muy buena. Había confianza, cercanía y un entorno donde se podía aprender. En mi caso, eso fue clave porque entré a un rol junior y aun así tenía espacio para crecer.

presentación en redes de Workana

Mi presentación en las redes de Workana.

También generé vínculos que sigo teniendo hasta hoy, y con personas con las que sigo compartiendo proyectos.

equipo Workana grabando contenido

Grabando contenido en la oficina.

Workana como plataforma para trabajar remoto

Con el tiempo entendí que Workana no era solo la empresa donde trabajaba, sino una plataforma que daba trabajo a miles de personas. A través de entrevistas a usuarios empecé a ver historias reales de freelancers que generaban ingresos trabajando de forma remota.

Yo misma usé la plataforma para contratar freelancers, tanto dentro del equipo como en otros proyectos. Eso me permitió verla también desde el otro lado: no solo como empresa, sino como herramienta real para trabajar.

Qué tener en cuenta si querés empezar

Si estás pensando en empezar a trabajar remoto o usar Workana, hay algunas cosas que hacen mucha diferencia desde el principio.

Tener un perfil completo, mostrar trabajos reales, armar un portfolio claro y conseguir referencias iniciales. También suma mucho manejar más de un idioma, especialmente español y portugués en el contexto de Latinoamérica.

Pero más allá de eso, lo más importante es entender que el trabajo remoto requiere orden. No alcanza con tener una computadora. Hace falta una forma de trabajo clara y un espacio definido para trabajar, para poder separar lo laboral de lo personal.

Lo que realmente cambió

Este trabajo no solo me permitió trabajar remoto. Me mostró que existía otra forma de organizar la vida laboral.

No fue un cambio inmediato, pero sí el inicio de una forma distinta de trabajar, de moverme y de pensar el trabajo. Y eso fue lo que después hizo posible todo lo demás.