escritorio costa rica

Costa Rica fue el primer lugar donde trabajé de manera remota.

Hasta ese momento, nunca había trabajado fuera de Argentina. Todo era nuevo. Y además, el contexto no era menor: a mi hermana le habían diagnosticado cáncer y yo me fui para acompañarla.

No estaba pensando en productividad ni en hábitos. Tenía que resolver. Pero fue ahí donde entendí algo que hoy sigue siendo clave para mí: la importancia de tener una rutina cuando trabajás remoto.


Lo que me llevé para poder trabajar

En ese momento trabajaba en un e-commerce de cosmética. Éramos solamente mi jefe y yo.

Como yo me iba a Costa Rica, incorporamos a una persona más en Buenos Aires para que pudiera quedar cubriendo parte de la operación. Yo la capacité por llamadas antes y durante ese proceso.

Para poder seguir trabajando desde Costa Rica me llevé lo básico, pero también lo indispensable para que realmente funcione:

  • computadora
  • teléfono IP
  • auriculares
  • adaptadores

El teléfono IP era clave, porque yo también atendía clientes. No era solamente trabajar desde una laptop: necesitaba poder seguir operando como si estuviera en Argentina.


Un espacio propio, aunque sea mínimo

Lo primero que hice fue armar un lugar para trabajar. No era una oficina ni un coworking. Era una mesa de luz dentro de la habitación.

escritorio improvisado en Costa Rica para trabajar remoto

Mi escritorio en Costa Rica.

No era el escritorio ideal. Pero era mi espacio.

Y eso hizo una diferencia enorme: esa habitación era un lugar para dormir y trabajar. No estaba ahí para cualquier otra cosa. No trabajaba desde la cocina ni desde la mesa donde comíamos.

En ese momento entendí que tener un espacio propio, aunque sea simple, cambia completamente cómo encarás el día.

A veces no se trata de tener el lugar perfecto. Se trata de tener un lugar definido.


Mi rutina en Costa Rica

Por la diferencia horaria con Argentina, arrancaba a trabajar a las 5 AM y terminaba a las 14 hs.

Eso me obligó a ordenar bastante mis días. También me tocaba adaptarme todo el tiempo, porque cuando la persona que estaba en Buenos Aires no podía cubrir algo, muchas veces las llamadas me entraban a mí en horarios raros.

En ese momento entendí que trabajar remoto no era solamente tener internet. Era poder sostener una estructura, aunque el contexto alrededor fuera difícil.


El deporte también fue parte de esa rutina

Había algo que yo ya sabía antes de viajar: necesitaba moverme. Por eso me llevé mis patines.

Yo ya sabía que existía una pista de patines en San Pedro. Apenas llegué, fui a hablar con la encargada. Ella me presentó a los dueños y así quedamos en que tres veces por semana yo iba a ir a patinar antes de que la pista abriera al público.

pista de patines en San Pedro Costa Rica

La pista de patines en San Pedro, Costa Rica.

Ese espacio fue clave. No solo para moverme, sino para despejar la cabeza, sostenerme emocionalmente y sentirme bien.

Además, fue un lugar donde conocí gente, hice amigos y empecé a armar una vida social allá.

Además del patín, también iba al gimnasio y me anoté en un curso de redes sociales.

Sin darme cuenta, empecé a construir una rutina que no era solo trabajo. Y eso fue lo que hizo la diferencia.


La rutina como sostén

Una vez por semana acompañaba a mi hermana a quimioterapia.

Los fines de semana salíamos o viajábamos a distintas playas de Costa Rica.

Era una mezcla de muchas cosas: trabajo, enfermedad, adaptación, deporte, aprendizaje y también momentos lindos en medio de todo.

No era una vida ordenada. Pero la rutina hizo que todo fuera mucho más llevadero.

Tener un lugar para trabajar, una estructura para el día y actividades por fuera del trabajo fue lo que me permitió sostener ese momento.


Lo que me quedó

De esa etapa me quedó algo muy claro: no necesitás el lugar perfecto. Necesitás un espacio propio.

Y tampoco necesitás una rutina ideal. Necesitás algo que te ordene.

Para mí, en Costa Rica, eso fue tener un escritorio, un horario y deporte.

Desde entonces, cada vez que llego a una ciudad nueva, hay dos cosas que siempre busco: dónde trabajar y qué hacer para moverme.

Porque el trabajo se organiza, pero la cabeza también.